El término “renovación†en la Biblia.
VOCABULARIO. El término paliggenesÃa está compuesto de pain (de nuevo, hacia atrás) y de genesia, (llegar a ser, originarse), y significa propiamente regeneración, nuevo nacimiento, o renovación:
â–« retorno de la muerte a la vida, comienzo de una nueva vida para una persona o todo un pueblo.
▫ renovación en una condición superior, renacer en el sentido común de la palabra.
â–« restablecimiento de la salud.
▫ restauración del mundo.
El NT es bastante reservado a la hora de emplear este vocablo (sólo lo encontramos en Mt 19,28 y Tit 3,5), pero alude con frecuencia a la imagen correspondiente (anagenao 1Pe 1,3.23; ser engendrado de lo alto o ser engendrado de nuevo (Jn 3,7); ser nacido de Dios en contraste al nacimiento natural en Jn 1,13; 1Jn 5,1). A este mismo campo semántico pertenecen las expresiones “hombre nuevo, nueva creación, restauración (2Cor 5,17; Gal 6,15; Hch 3,21) y otras esperanzas expresadas de forma profética en el AT y que se refieren a la salvación del individuo (cf. Job 14,14) y a la totalidad del mundo (Is 65,17).
Proksch cree descubrir un antecedente de la fórmula neotestamentaria paulina en una expresión estereotipada del AT que a manera de frase hecha designa el retorno a una situación anterior (Am 9,14; Sof 3,20; Job 42,10) y que se encuentra en los textos mesiánicos de los profetas. En el siglo I los pitagóricos empleaban el término paliggenesia para expresar la metempsÃcosis, entre los estoicos los ciclos de las estaciones o la destrucción del universo por el fuego para dar lugar a un mundo nuevo y armonioso, en Flavio Josefo la restauración de la nación judÃa; en las religiones mistéricas tiene un matiz religioso especial.
CONCEPTO. El AT no habla expresamente de este término, pero contiene una fórmula que se puede considerar como antecedente de la noción paulina. Conoce una restauración futura consistente en una reforma interior del pueblo de Dios (Ezequiel, JeremÃas) o una escatologÃa nueva como aparece en el DeuteroisaÃas. La teologÃa rabÃnica habla a menudo de una creación nueva, y lo hace para describir una experiencia que puede compararse al nacimiento de un hombre; en Qumrán, el ingreso se compara con una nueva creación. Pero no se puede explicar la teorÃa paulina recurriendo sin más al judaÃsmo.
El NT precisa que el creyente nace (gennai ek, forma pasiva de gennao“:engendrar)del EspÃritu y del agua, o de lo alto. Ello también está subyacente en el griego cuando se dice que el creyente “renace†por la fuerza de la resurrección o por la palabra divina. Por la regeneración al final de los tiempos el individuo entra en la historia más amplia de la nueva creación. Esta regeneración acontece igualmente en el bautismo; gracias al germen de incorruptibilidad que el creyente lleva ya en adelante en sà mismo, está invitado a una vida nueva.
Mt 19,28: Jesús les dijo: “Os aseguro que vosotros, los que me habéis seguido, en la nueva creación, cuando el hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israelâ€.
Se les promete a los discÃpulos como recompensa por la renuncia y el seguimiento, la participación en el juicio que el Hijo del hombre ha de llevar a cabo en la regeneración, y que en este texto está conectada principalmente con la persona del Hijo del hombre, con su revelación y acción de juzgar, entrañando esperanzas para el futuro que van más allá de las dimensiones personales, individuales o puramente espirituales. Muchos exegetas entienden este texto del nacimiento que es consecuencia de la fe en Cristo resucitado y glorioso, del renacer de un Israel espiritual, de la Iglesia, que será gobernada por los apóstoles. Según algunos –como Lagrange-, este reino espiritual de Dios se presenta en perspectiva de la restauración mesiánica sobre la tierra; según otros –Feuillet- la perspectiva serÃa de orden puramente espiritual (predicha por Is 65,17; 66,22 con las imágenes de los cielos nuevos y la tierra nueva, que se repiten en Hch 3,20s.); pero para todos ellos es a través de la Iglesia, nacida del EspÃritu Santo sobre la cruz, por donde el nuevo eón dirige su fase final (fin del mundo).
Tit 3,5: “nos ha salvado, no por la justicia que hayamos practicado, sino por puro amor, mediante el bautismo regenerador y la renovación del EspÃritu Santoâ€.
Recogiendo y transformando la tradición paulina habla de nuestra salvación “no por las obras sino por la misericordia mediante el baño de regeneración y renovación en el EspÃritu Santoâ€. De este modo, las cartas Pastorales rechazan como fundamento de la redención incluso las obras “que hubiéramos hecho en justicia (v.5) y reconocen que el único fundamento es la acción de Dios, comunicada como un signo “por medio del baño de la regeneraciónâ€, pero que por su esencia es una renovación obrada por el EspÃritu de Dios. Se rechaza cualquier interpretación puramente personal de paliggenesia (cf. en vv. 3-7 “nosotros†y “nosâ€), exhortando a la sobriedad y al testimonio de la existencia redimida que nos fue concedida graciosamente con la manifestación de la “bondad de Dios, nuestro Salvador, y de su amor a los hombres†(v.4).
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